Fuenteovejuna, Paribáñez y el comendador de Ocaña y la universalidad de Lope de Vega

Por Pablo Bejarano 

Si hablamos del siglo de oro español, casi de forma automática pensamos en cinco grandes autores como pilares fundamentales de la literatura española de esa época: Miguel de Cervantes y Saavedra, Lope de Vega, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo y Pedro Calderón de la Barca. Sus nombres son tan importantes, que, si hablamos de obras clásicas de la literatura hispánica y universal, sin cuestionarnos diríamos, entre otras: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Fuenteovejuna, Soledades, La vida del buscón llamado don Pablos y La vida es un sueño… Y me atrevo a decir más: si tuviéramos que reducir la lista a solo tres obras, las elegidas, sin lugar a dudas, serían la primera, la segunda y la quinta.

Por esa misma razón, nunca me cuestioné si Félix Lope de Vega es o no un clásico de la literatura universal. Hablar de él siempre ha sido para mí hablar de un escritor que pertenece a la misma categoría de los autores mencionados y de otros de la literatura griega, romana, inglesa y francesa. Es decir, para mí Lope de Vega pertenece de forma indiscutible a los clásicos universales. No obstante, leyendo el estudio preliminar del tomo nueve de los Clásicos Jackson, llamó mi atención que Guillermo de Torre, cuñado de Jorge Luis Borges, dedica unas páginas para dilucidar si el dramaturgo español en verdad pertenece o no a esa categoría, en la cual, figura solo un grupo selecto de literatos y de obras, no dejando a mi parecer una respuesta contundente respecto al tema.

Por ello, al finalizar la lectura de Fuenteovejuna y de Paribáñez y el comendador de Ocaña, he decidido escribir estas líneas para argumentar los elementos por los cuales, según yo, estas obras sí pertenecen a los clásicos de la literatura universal, tratando de refutar algunos criterios que pretenden asegurar lo contrario. El primero de estos es: “Mientras más nacional es la obra, es menos universal”; el segundo: “Aunque Lope es un genio por haber escrito más de mil obras de teatro, no tiene una sola que sea magistral o cristalice toda su obra”; y el tercero: “Nunca creó un personaje de valor universal como el Quijote, Hamlet o don Juan Tenorio”. Trataré de dar respuesta a cada uno de ellos y demostrar que no tienen validez cuando hablamos de alguien como Félix Lope de Vega.

Primero hagamos una pequeña reseña de ambas obras para saber de qué estamos hablando. Fuenteovejuna es considerado un drama histórico que acontece en 1546 donde Fernán Gómez de Guzmán, en complicidad con sus criados, Flores y Ortuño, abusa del poder y de su posición como comendador. Comete diversos vejámenes contra la población de Fuenteovejuna, como el rapto de Jacinta; el maltrato inhumano propiciado a Mengo; y la persecución y secuestro de Laurencia el día de su boda con Frondoso, a quien somete a malos tratos. Esta tropelía cometida con la hija del alcalde Esteban, colapsa la paciencia del pueblo que se alza en contra del tirano para darle muerte. El rey se entera del asesinato del comendador y manda a hacer averiguaciones sobre la identidad del culpable para condenarlo, pero el pueblo entero asume la responsabilidad, por lo cual, tras las investigaciones correspondientes, el rey termina dando el caso por cerrado.

Paribáñez y el comendador de Ocaña es una tragicomedia donde el poder nuevamente tiene un papel importante. En ella el comendador de Ocaña, don Fadrique, tras accidentarse en una corrida de toros, es atendido en la casa de Paribáñez, y al recobrar el conocimiento, ve a Casilda, la esposa del labrador, y queda prendado de ella por su belleza. A partir de ese momento, comienza a planear la manera de poseerla y de apartar de su camino a Paribáñez. El comendador cae en una especie de obsesión que lo lleva a cometer una imprudencia: manda a hacer un retrato de Casilda, lo cual le permite al labrador descubrirlo todo y prepararse para defender su honor. Casilda hace evidente su desprecio al comendador, quien insiste, y tras una trampa fallida puesta al esposo, es descubierto y asesinado. Como en Fuenteovejuna, el rey quiere hacer justicia, pero al enterarse de los pormenores del caso, absuelve al asesino de toda culpa.

Ahora, a través de estas dos obras, trataremos de refutar los argumentos mencionados con anterioridad. En el primero de ellos nos encontramos con la aseveración “Mientras más nacional es un libro, es menos universal”. Para determinar si esto puede o no definir si Lope es un clásico, es preciso saber si este criterio es un axioma o si hay otros criterios que lo refuten; también es necesario definir qué se entiende por “nacional”… En cuanto al criterio, hay eruditos que afirman lo contrario; tal es el caso del escritor guatemalteco, Luis Cardoza y Aragón, quien afirma que solo podemos llegar a lo universal si escribimos sobre lo nuestro, sin embargo, lo nuestro deja de ser universal si va más allá de la frontera entre lo nacional y el nacionalismo.

¿Por qué solo a través de lo nuestro podemos acceder a la universalidad en el arte? Por “universal” entendemos lo absoluto, el todo. En este sentido, la literatura universal hace referencia al conjunto de todas las literaturas; es decir, si la imaginamos como una orquesta sinfónica, para obtener el sonido perfecto hacen falta todos los instrumentos de cuerda, de viento y de percusión, etcétera, puesto que en esa variedad de sonidos y de formas está la armonía. Puede ser que nos guste más el sonido de los violines que el de los timbales, pero sin los timbales se deformaría el sonido de la pieza musical. Imaginemos una orquesta conformada solo de trompetas en comparación a una donde se escuchen todos los instrumentos; en definitiva, la belleza entre lo interpretado por una y por otra tendría mucha diferencia en favor de la orquesta con instrumentos variados.

En este sentido, el término de literatura universal se debe entender por el conjunto de literaturas de todo el mundo, con la variedad de temas y cánones estéticos que esto significa. La literatura universal es la suma del egipcio, del griego, del latino, del indo, del chino, del maya, del inca y del español… Esto quiere decir que, para ser universal, primero se debe tener una identidad propia que se sume a la constelación de identidades del mundo y se complemente con ellas. Es más universal un escritor español escribiendo sobre España que escribiendo sobre dioses griegos o romanos. Ser universal es pues, ser nacional, pero, ¿hasta qué punto? ¿Cuándo esa identidad nacional se convierte en nacionalismo? ¿Lope cayó en ese error?

Lo nacional se convierte en nacionalismo cuando se falsea o se exagera la identidad con la intención de presentarla superior a otra. En el caso de las obras de teatro de Lope de Vega es innegable la ambientación en España, habla constantemente del reino, todos sus personajes son españoles y los argumentos se desarrollan sobre bases históricas. ¿Por eso es “nacionalista”? Considero que no, por lo menos en las dos obras mencionadas no se habla de España con la intención de exaltarla, sino porque, al ser esa su tierra, es la que mejor conoce y es sobre la cual se le facilita más escribir. Recordemos la cita hecha por Cabral de Miguel de Unamuno: “Perdonen que siempre hable de mí, pero soy el hombre que mejor conozco”. Hablar de lo nuestro es lo natural, y cuando no se hace con intenciones de vanagloria, es la puerta a lo universal.

Aun así, se podría argumentar que en ambas obras hay un claro exaltamiento a la figura de los reyes como seres de justicia. Si bien en Fuenteovejuna se coloca a los reyes de España como justos en comparación a otros monarcas, podríamos decir que esa exaltación obedece a una autoprotección del autor y no a su nacionalismo. Es difícil comprenderlo así cuando vemos que los reyes mencionados en la obra son reyes pasados y no los reyes contemporáneos de Lope, sin embargo, debemos entender al rey como una figura sucesoria y no como una persona para asimilar la exaltación. Hablar mal de la monarquía en ese tiempo, era condenarse al exilio. Incluso hoy, los escritores que escriben en contra de sus gobernantes, deben hacerlo desde otros países. No está demás citar que, según el mismo Guillermo de Torre, por entonces se debía ser soldado, clérigo o protegido de la nobleza para destacarse en la literatura.

No podemos tomar entonces la ambientación de las obras de teatro de Lope en España como nacionalismo, sino como elemento identitario que hace de esas obras algo universal; por lo tanto, ese criterio no es válido para afirmar si pertenece o no al mundo de los clásicos. En cuanto a la segunda afirmación: “Aunque Lope es un genio por haber escrito más de mil obras de teatro, no tiene una sola que sea magistral o cristalice toda su obra”, podemos decir mucho. Cierto es que cantidad no es igual a calidad; también es cierto que al hablar de ciertos autores los relacionamos de inmediato con una sola obra en la cual se encierran todas las demás, y que existen algunos autores cuya obra no pasa de uno o dos libros, y aun así, son considerados clásicos mundiales, pero eso tampoco es un parámetro rotundo para definir un clásico y demostraremos el porqué.

Primero, decir que para calificar como clásico a un autor se necesita una obra suya donde se cristalicen todas las demás, dejaría fuera de dicha clasificación a autores innegablemente clásicos como William Shakespeare. ¿Es posible elegir entre Hamlet y Macbeth, entre Romeo y Julieta y Otelo? Hay clásicos con muchas obras representativas como el dramaturgo inglés, y también los hay con una sola, como el mismo Miguel de Cervantes y Saavedra, sobre quien nadie pone en duda que basta con el Quijote para conocerlo del todo. La cantidad de obras representativas no define nada, tampoco la cantidad de obras escritas, porque, si bien cantidad no es igual a calidad, también podemos decir que cantidad no es antónimo de calidad, porque se puede escribir poco y bien, y se puede escribir bien y mucho; se puede escribir poco y mal y escribir mal y mucho. En Latinoamérica se le considera clásico continental a Rulfo con dos libros y a Borges con más de cuarenta. ¿Cómo sacar a uno de la lista de clásicos latinoamericanos por esta clase de criterios?

En todo caso, Lope de Vega sí tiene una obra representativa y esa es Fuenteovejuna; que además de esa haya otras mundialmente conocidas como Paribáñez y el comendador de Ocaña, El caballero de Olmedo y La dama boba, no afecta en nada su categoría de clásico. Sin embargo, la afirmación que requiere mayor análisis es la última: “Nunca creó un personaje de valor universal como el Quijote, Hamlet o don Juan Tenorio”. Para determinar si esto es cierto o no, debemos definir a qué nos referimos por “personaje de valor universal”. ¿A un personaje célebre? ¿A un personaje arquetípico?, o, ¿a uno que sea arquetípico y célebre al mismo tiempo?

Si nos referimos a uno que sea célebre, podemos encontrarnos con un sinfín de personajes conocidos a nivel mundial, cuyas características en realidad no tienen valor universal, porque son vacíos y solamente poseen fama, por ejemplo: Harry Potter, Christian Grey y Juan Salvador Gaviota. Que esos personajes gocen de fama mundial, ¿hace a J. K. Rowling, E. L. James y R. D. Bach mejores autores que Lope de Vega? La respuesta es no. Por lo tanto, por un personaje de valor universal, no debemos entender uno famoso. Aunque los personajes de Lope no sean conocidos en todo el mundo, no es razón para negarle su categoría de clásico, porque sus personajes sí tiene el valor universal del cual hablamos.

Un personaje de valor universal es aquel que encarna un arquetipo o un prototipo. Es decir, un personaje o figura que representa símbolos atemporales, cuyo valor ha sido percibido en todas las culturas del mundo y da rostro humano a las ideas universales y perfectas; o, en el otro caso, una figura que establece las bases para el nacimiento de un nuevo personaje universal. Ejemplos de ambas categorías en la literatura clásica, hay muchos, pero acá podemos citar como ejemplo de arquetipo a Edipo, el héroe trágico por excelencia, o a Penélope, la fidelidad y la paciencia incondicional. Como ejemplo de prototipo, podemos citar a Madame Bovary, cuyas características han establecidos las bases de la mujer insatisfecha, o don Quijote que es el prototipo por excelencia del caballero idealista.

Definiendo entonces las características de un personaje de valor universal, nos preguntamos ¿posee Lope de Vega en sus obras de teatro personajes arquetípicos y prototípicos? La respuesta, desde luego, es sí. Tomando como bases las dos obras mencionadas con anterioridad, podemos decir que Casilda es el arquetipo de la fidelidad en todo su esplendor. Probablemente se nos cuestione, por la existencia de Penélope en la mitología griega, diciendo que no puede ser el arquetipo si existe un personaje previo con esas características, sin embargo, el arquetipo traspasa las fronteras y las culturas o, dicho de otra manera, aparece en todas. En la literatura hindú tenemos a Sita y Draupadi, representaciones clásicas de la fidelidad, y no por ellas Penélope deja de ser un arquetipo; por lo tanto, tampoco deja de serlo Casilda por la esposa de Ulises.

La escena en la cual un hombre anónimo le habla a Casilda desde la calle para comunicarle que el comendador la ama, y ella le responde recalcando su amor por Paribáñez, es por demás universal; sobre todo, cuando el hombre revela que él es el mismísimo comendador, y a pesar de ello y de las posibles consecuencias, ella reafirma su rechazo rotundo. El pasaje encierra un símbolo más fuerte que el de Penélope tejiendo y destejiendo el sudario, o el de Draupadi pidiéndole a Krishna de su ayuda para no ser desnudada completamente ante Duryodhana, porque mientras una se valió de artilugios para mantenerse fiel y otra recurrió a la ayuda externa, Casilda lo hizo de frente, rechazando con dureza a quien, con una orden, podía acabar con ella y su marido. Leamos parte de la escena:

Y cuando el Comendador

me amase como a su vida,

y se diesen virtud y honra

por amorosas mentiras,

más quiero yo a Peribáñez

con su capa la pardilla

que al Comendador de Ocaña

con la suya guarnecida.

Más precio verle venir

en su yegua la tordilla,

la barba llena de escarcha

y de nieve la camisa,

la ballesta atravesada,

y del arzón de la silla

dos perdices conejos,

y el podenco de traílla,

que ver al Comendador

con gorra de seda rica,

y cubiertos de diamantes

los brahones y capilla;

que más devoción me causa

la cruz de piedra en la ermita,

que la roja de Santiago

en su bordada ropilla.

Además de la valentía de sostener su postura aun cuando se entera de que está hablando con el mismo comendador, es poderoso el otro símbolo: Mientras Penélope es esposa del rey de Ítaca y rechaza a los pretendientes cuya posición es igual o menor a la de su esposo; y mientras Draupadi es esposa del rey legítimo de Hastinapura y preocupara preservar su pureza frente a los primos de su esposo, que también son reyes, Casilda muestra el rechazo a un comendador, por serle fiel a un labriego. De las tres, solo ella rechaza a alguien socialmente superior a su esposo, lo cual es aun más meritorio. ¿Quién podría negar entonces el valor universal de Casilda como personaje arquetípico?

Respecto al prototipo, también lo encontramos en Lope de Vega, tal vez no como un personaje singular en estas dos obras, sino como uno plural: el pueblo de Fuenteovejuna. Recordemos nuestra definición de prototipo: Figura que establece las bases para el nacimiento de un nuevo personaje universal. ¿Cuántas veces en la historia, cuando se quiere ilustrar la lucha de un pueblo contra la tiranía, se ha puesto en escena Fuenteovejuna? Fuenteovejuna es por excelencia la representación del pueblo que unido sobrepasa la fuerza del tirano; y lo es, porque representa no solo la conversión de la fuerza plural en singular, sino también la aceptación colectiva de la culpa, anteponiendo el bien común al personal, como pocas veces se ha visto en la literatura.

Cansados de los abusos y vejaciones cometidos contra los pobladores, y consientes de las consecuencias inminentes que conlleva liberarse de ese yugo, entre todos deciden asesinar a Fernán Gómez de Guzmán. Como es lógico, en el homicidio, de manera directa, solo participan unos cuantos o tal vez una sola persona, sin embargo, el pacto del pueblo es asumir la culpa de manera colectiva, aun cuando la muerte se la haya dado alguien de manera individual. Los reyes, al enterarse, mandan a investigar sobre el asesinato y a encontrar al culpable valiéndose de torturas si es necesario. En el proceso de investigación torturan a hombres, mujeres, niños y ancianos, y aun cuando se sospecha de algunos pobladores como posibles confesores, la respuesta siempre es la misma: Fuenteovejuna lo hizo o Fuenteovejuna, señor.

Es memorable y conmovedor ver a mujeres, ancianos y niños, incluso a personas de quienes se sospecha tienen voluntad débil, resistir las torturas y mantener la fuerza de solidaridad intacta, leamos un fragmento:

FRONDOSO: ¡Bravo caso!

JUEZ:                         Ese muchacho

aprieta. — Perro, yo sé

que lo sabes. Di quién fue.

¿Callas? — Aprieta, borracho.

NIÑO: Fuenteovejuna, señor.

JUEZ: ¡Por vida del Rey, villanos,

que os ahorque con mis manos!

¿Quién mató al Comendador?

FRONDOSO: ¡Que a un niño le den tormento

  y niegue de aquesta suerte!

LAURENCIA: ¡Bravo pueblo!

FRONDOSO:                   Bravo y fuerte.

Aunque el juez cae en bajezas tales como someter a castigos a un niño, sus intentos son vanos. Puede más la solidaridad, aun cuando lo intenta con una mujer:

JUEZ:             Que os he de matar, creed,

  en este potro, villanos.

  ¿Quién mató al Comendador?

PASCUALA:   Fuenteovejuna, señor.

¿Puede alguien cuestionar el valor universal de un pasaje como este, donde se establecen las bases de un nuevo prototipo, el del pueblo unido como un solo ser?

En conclusión, aunque haya quienes se pregunten si Félix Lope de Vega pertenece al orden de los clásicos universales y construyan argumentos para demostrar que no, las obras del dramaturgo español se defienden a sí mismas y defienden a su autor con su calidad y valor universal, tal como lo hemos demostrado en este breve ensayo. Estamos seguros que, aunque en un futuro presenten nuevos argumentos para cuestionar su lugar en el parnaso, Félix Lope de Vega continuará consolidándose como un clásico de la literatura universal. 

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