Por Pablo Bejarano
Cuando hablamos de Las mil y una noches, de inmediato pensamos en un clásico de la literatura universal. De hecho, es uno de los libros que siempre aparece en las listas de obras fundamentales de la historia; el libro que quisiéramos tener en una isla desierta, si nos quedáramos en ella solos para la eternidad. Hablar de Las mil y una noches, es hablar de un compendio de cuentos que está en el inconsciente colectivo de la gente como un significante flotante; es hablar de un libro, que, aunque no lo hayan leído, todos lo conocen.
El mundo está lleno de referencias sobre Las mil y una noches y lleno de paráfrasis de su título. Sus personajes aparecen constantemente en otras obras literarias y en canciones. Por mencionar dos ejemplos, Simbad el marino es el seudónimo que Edmundo Dantés adopta en El conde de Montecristo, y Silvio Rodríguez dice en su célebre canción: Quién fuera Alí Babá, / quién fuera el mítico Simbad. Pero como dijimos, no sólo sus personajes, también su título aparece por todas partes: en El hombre invisible, parafraseado como Las mil y una botellas, para darle nombre a uno de los capítulos, y hasta en la música popular; podemos encontrarlo en la conocida canción que inicia: Mil y una historias me he inventado. Las mil y una noches es uno de esos poquísimos libros que los conoce la gran mayoría de la población mundial, sin necesidad de haberlo tenido nunca entre las manos; es, como dice Borges: parte previa de nuestra memoria y parte de esta noche también.
Hace algunos años leí este increíble compendio de cuentos persas en una edición parcial. Ahora he tenido la oportunidad de leerlo en su edición íntegra y he notado con sorpresa que, en torno a Las mil y una noches, sucede una especie de “efecto Mandela”. Antes de iniciar la relectura, yo estaba seguro de que iba a adentrarme de nuevo en un universo literario completamente fantástico, en donde cada uno de los cuentos rebosa elementos mágicos. Esto no me sucede a mí únicamente; si escuchamos la conferencia que ofreció Borges sobre el libro, o si recopilamos lo que sobre él han dicho grandes autores de la literatura universal, todos hacen referencia a lo fantástico de sus cuentos, pero si leemos con atención cada uno de ellos, encontraremos que hay unos eminentemente realistas.
Y no me refiero a que en la edición íntegra haya leído cuentos realistas que no formaban parte de la parcial y por ello tenga dicha sensación; por el contrario, en el resumen leí cuentos realistas que recordaba como fantásticos, y al releerlos, me he percatado de que no lo son y, sin embargo, tras la lectura, continúo pensando que pertenecen a un mundo mágico que no es este, aunque sin dificultad, sus historias podrían suceder en cualquiera de nuestras ciudades y pueblos contemporáneos.
Se ha dicho muchas veces, que la humanidad alcanzará su clímax (y que lo alcanzó en el pasado lejano) al desarrollarse a un mismo nivel la ciencia y la magia. Con esto nos referimos a una humanidad que siendo “normal” como la nuestra, tenga grandes avances científicos como los nuestros, pero a la vez lo “mágico” se tome como parte de la normalidad. En un mundo donde la magia está presente, aunque no intervenga en la cotidianeidad, todos los hechos parecerán fantásticos. Esto es lo que sucede con los cuentos de Las mil y una noches, que es un testimonio de una de las civilizaciones donde se desarrolló en igual manera la magia y la ciencia. Aunque, por lo mismo que mencionamos, incluso los elementos científicos, pueden ser tomados como fantásticos; por ello vamos a analizar acá, los tres tipos de cuentos que aparecen en este clásico universal: cuentos realistas, fantásticos y de ciencia ficción.
Para hablar de los cuentos realistas de Las mil y una noches, que la gran mayoría recordamos como cuentos fantásticos, tomaremos como ejemplo dos de los más conocidos por los lectores: Historia de la mujer despedazada, de las tres manzanas y del negro Rihán, y La cuarta historia de las historias de Simbad el marino. Hablemos primero del primero: en resumen, el argumento de esta historia, que es una de las más conocidas de toda la obra, gira en torno a un pescador (como tantos pescadores hay en nuestra realidad) que después de una mala racha, por fin cree haber pescado algo y extrae del océano una especie de baúl donde encuentran a una mujer descuartizada (como tantas mujeres víctimas de la violencia han encontrado en nuestra realidad); cuando aparece el culpable ante el califa, releva el móvil del crimen: un hombre compra a su esposa tres manzanas (fruta difícil de encontrar en ese contexto) de las cuales se pierde una que termina en manos de Rihán, que miente diciendo que se la regaló su amante; el esposo celoso (como tantos hombres celosos hay en nuestra realidad) asesina a su esposa creyendo que ésta lo engaña, y para no ser descubierto, la descuartiza y la tira al mar dentro del cofre (igual a muchos asesinos hoy en día). Como hemos establecido, no hay en la historia ningún elemento que no pueda suceder en nuestra realidad; entonces ¿por qué lo sentimos como algo fantástico?
En el caso del cuarto viaje de Simbad, sucede lo mismo; si bien algunos otros viajes del marino sí son fantásticos; este es totalmente realista: el hecho de que arribe a una ciudad lejana donde la cultura, las costumbres y tradiciones sean por completo distintas a las de su tierra natal, es algo que aún hoy con una humanidad globalizada es posible. Aunque no sé si exista algo parecido en la actualidad, una tradición donde al morir la esposa envíen el cadáver a una fosa común y la entierren junto al esposo que sigue vivo, puede requerir de falta de sentido común o exceso de crueldad, pero no de elementos mágicos para ser posible. Tampoco requiere de magia el que un hombre, en busca de supervivir, asesine a otros que enterraron vivos para comerse la ración de comida que les habían dado. Suceden en este mismo momento cosas más macabras que los asesinatos que cometió Simbad en su cuarto viaje; entonces ¿por qué nos parecen fantásticos al recordarlos e inclusive al leerlos?
Creo que esto se debe a algo que dije en un principio; en el universo de Las mil y una noches encontrar un cadáver en el fondo del mar, era algo perfectamente posible, como desaparecer de la vista de la gente el castillo donde habitas cada vez que sales para que nadie pueda encontrarlo en tu ausencia, o encontrar árboles cuyas frutas sean piedras preciosas. En ese mundo donde la magia y la realidad no se diferencian no existe lo realista ni lo fantástico, solo existe la vida. Las mil y una noches es el testimonio de un mundo que no es el nuestro, pero que podemos conocer a través de sus relatos, y lo mejor, es que podemos vivir ese ámbito donde lo “común” parece tan extraordinario como lo “fantástico” y lo “fantástico” nos parece tan normal como lo “común”.
Pero Las mil y una noches, escrita de manera magistral con la técnica de cajas chinas, está llena de sorpresas como una. Si bien, hay recursos que se utilizan en toda la obra: como el hecho de que los hombres convertidos en animales vuelven a su normalidad, gracias a que llegan a casa de alguien que tiene una hija versada en la magia y que se da cuenta que no son animales, sino humanos y los regresan a su estado original, hay otros cuentos que tienen elementos irrepetibles en el resto de los relatos; tal es el caso de los dos que analizaremos: El caballo de ébano y la Historia de Abdalah de la tierra y de Abdalah del mar. Estos dos cuentos, según mi interpretación no son realistas, pero tampoco son fantásticos; al menos no en su totalidad; ambos tienen elementos de ciencia ficción, aunque esto no suene lógico cuando hablamos de Las mil y una noches. Comentemos primero el llamado El caballo de ébano. En resumen, este relato es sobre un príncipe que gracias a un caballo que vuela llega a otro reino donde conoce a la princesa de la cual se enamora y con quien llega a casarse. No es en sí el argumento lo que me llama la atención, sino el caballo y lo que hay detrás de su vuelvo. Si en todos los cuentos de este maravilloso compendio, suceden cosas para nosotros completamente fantásticas por intervención de hechiceros y efrits (genios), lo normal sería que el caballo de ébano no necesite para volar más que de algún conjuro o la intervención de un ser mágico; sin embargo, el caballo no parece alzar el vuelo gracias a la magia, sino gracias a la ciencia. Quienes hayan leído el cuento, sabrán que funciona por medio de un “mecanismo” y que para elevarse tiene una palanca y para descender tiene otra. Esto desde luego no se parece a ninguno de los conjuros de los libros de magia negra ni de los que se mencionan en esta obra; se parece más a los mecanismos utilizados en la actualidad para elevar los helicópteros o los drones. ¿Qué es en verdad este caballo de ébano? No es más que una nave voladora con tecnología avanzada. Desde luego, queda la incertidumbre si era una nave que ciertamente existió o no, pero como mínimo estaba teorizada como lo estuvo el “tornillo aéreo” de Da Vinci.
En la Historia de Abdalah de la tierra y de Abdalah del mar, hay muchísimo de que hablar; por ejemplo, si la humanidad submarina que se menciona, es producto de la imaginación, si existió algún día o si existe ahora mismo. No es eso, sin embargo, lo que deseo abordar de ese texto, sino el método utilizado para que Abdalah de la tierra pueda descender al mar sin que la respiración sea un problema. Cuando su amigo marítimo lo invita a ir a conocer el ecosistema en que vive, él se niega, por el miedo natural de morir ahogado al ser un hombre terrestre, pero Abdalah del mar le dice que, si se unta con la grasa de determinado animal, ésta lo protegerá manteniéndolo a salvo. Es aquí donde entran los conocimientos científicos. La grasa que le permite a un ser mamífero de la tierra, poder sumergirse de manera temporal en el océano, es la grasa del animal más grande del mar, “tan grande que podría comerse un elefante” y que es llamado en el cuento “dandana”, refiriéndose claramente a la ballena. ¿Por qué digo que esto está relacionado con la ciencia? Como actualmente se sabe, está científicamente comprobado que la ballena, aparte de ser el animal más grande que jamás ha existido en nuestro planeta, es mamífero; lo que de por sí ya es muy interesante tratándose de un “pez”. Además, se ha comprobado que hace aproximadamente cincuenta millones de años eran animales terrestres, mamíferos, cuadrúpedos y con pelaje (pakicetus inachus) y que, debido a su ecosistema rodeado de agua y la necesidad de nadar para casar, fue evolucionando hasta convertirse en lo que es hoy, sin embargo, a pesar de tantos millones de años, sigue necesitando, como todos los animales terrestres, de respirar oxígeno fuera del agua, por lo cual se sabe que debe salir a la superficie del mar cada cincuenta minutos. Si la historia nos dice que Linneo descubrió en 1735 que las ballenas eran mamíferos, y fue hasta después de la teoría de la evolución de Darwin que se empezó a teorizar que descendían de un animal terrestre, ¿no resulta curioso que los autores de Las mil y una noches supieran que, para que un ser terrestre pudiera contener la respiración bajo el mar, debía untarse con la grasa de un ser terrestre (evolucionado) que básicamente contiene la respiración al estar bajo el agua? ¿Es que acaso habían ideado alguna manera de sumergirse por medio de algo que descubrieron a través de la ciencia? ¿Acaso ese descubrimiento se hizo hace más de dos mil años? Sin duda es muy curioso lo que este cuento narra.
Pero Las mil y una noches, como hemos dicho, es conocido en todo el mundo como el arquetipo de los cuentos fantásticos, porque en efecto lo es. El género fantástico le debe mucho a esta obra que nos ha llegado por medio de los persas. Es preciso recordar que la versión que tenemos, es una versión intervenida a la cual se le agregaron todos los elementos mahometanos, pero que, según Jorge Luis Borges, puede tener sus orígenes en la India. En Las mil y una noches, hay muchísimos cuentos en donde la fantasía se desborda de manera inimaginable, pero estos cuentos se dividen, o yo los divido, en dos clases: los cuentos donde la fantasía tan solo es producto de la mente y los cuentos donde la “fantasía” es símbolo o testimonio de una realidad anterior y más maravillosa que la nuestra. En este texto, nos ocuparemos de la segunda categoría, y usaremos solo un cuento para analizar.
Quiero analizar el cuento llamado Historia de Juder el pescador o el saco encantado, en el cual percibo dos elementos claves del esoterismo: el destino y el desapego. En cuanto al destino, la literatura esotérica nos indica que está prefijado desde el principio de los tiempos, que cada nanosegundo de todo cuanto pasa en el universo ya ocurrió y es nuestra conciencia la que se mueve a través del tiempo estático, reproduciendo los hechos que han estado y estarán desde y para la eternidad; algo parecido a lo que empieza a teorizar cierto sector de la comunidad científica. Dice un físico que esto debe ser así, para que la relatividad de Einstein tenga sentido: para que todo suceda al mismo tiempo, sin importar las diferentes perspectivas de tiempo, es necesario que todo haya ocurrido ya y solo “suceda de manera diferente” según el espectador. En el ámbito de lo esotérico, las predicciones solo tienen sentido, si todo ha sucedido ya. Es decir, que aquellos que predicen, no adivinan el futuro, sino que salen de lo que llamamos tiempo y ven la totalidad de los sucesos, y al ingresar de nuevo, saben por qué acontecimientos habrá de transitar la conciencia. Para entenderlo, pongamos de ejemplo el mismo libro de Las mil y una noches, dentro de la historia, Sherezade no sabe que Schahriar le perdonará la vida al final de todo, pero nosotros, incluso antes de leer la primera noche, podemos ver el final del libro y saber su desenlace; si pudiéramos entrar en él, podríamos entonces decirle a Sherezade lo que sucederá y esto sería para ella una predicción, desde luego infalible, porque es algo que ya está escrito. Todo esto está muy bien ejemplificado en el cuento antes mencionado. Para que Juder sean encontrado por los moghrabines, quienes van al lago expresamente a buscarlo y lo encuentren el día exacto en que saben que pueden encontrarlo, es necesario que una secuencia de cosas preestablecidas haya acontecido de manera previa. Como sabemos Juder llega a ese lago, porque en el que acostumbraba a pescar de manera cotidiana, no hay peces. Ahora analicemos esta condicionante que lo obliga a cambiar de lago: ¿qué cosas conlleva el hecho de que se ausenten los peces? Para que algo como eso suceda deben pasar de manera previa un sinfín de cosas, como que los haya depredado un pez más grande, como que un fenómeno natural los haya obligado a desplazarse, como que la pesca inmoderada los haya extinguido en el momento exacto para propiciar el cambio de lago en el día en que Juder debía cambiarse de sitio para cumplir con la predicción dada a los moghrabines. Así mismo estaba preestablecido que dos de ellos morirían en el intento, que él viajaría con el tercero y no podría conseguir el objetivo la primera vez, sino hasta la segunda. Por todo esto considero que el cuento en mención es un ejemplo perfecto de lo preestablecido del destino, y como buena teoría esotérica, tarde o temprano debe emparentarse con los descubrimientos científicos, como ya lo está haciendo.
Otro elemento de lo esotérico que se ejemplifica de forma magistral en este cuento, es el desapego. Como bien sabemos, cuando Juder se dispone a obtener la esfera celeste, la redomita del kohl, el alfanje y el anillo de Schamardal, debe pasar un sinnúmero de pruebas; una de las cuales consiste en ver una representación de su madre, que debe desnudarse frente a él, y muy a pesar de los ruegos que ella exclame, no debe sentir compasión. Como bien sabemos es esto lo que se le imposibilita, porque cuando el espectro de su madre le implora que no la obligue a quitarse “el calzón”, él se compadece y en el instante recibe una paliza sobrenatural y pierde la oportunidad de acceder al tesoro. Un año después regresa y despojado de compasión obliga a la visión a desnudarse y vence todos los encantos que protegían lo que buscaba. Cuando hablamos aquí del desapego, hacemos énfasis en aquellos vínculos humanos que nos hacen querer lo nuestro sobre aquello que no lo es. Dice Facundo Cabral, en una de sus más magistrales entrevistas, que mientras sigamos prefiriendo a nuestra madre sobre la madre de los otros, aún no estamos libres del ego. Esto mismo pasa acá, si la madre que imploraba no hubiera sido la de él, sino la de cualquier otro, no hubiera dudado en separar la cabeza del cuerpo, pero duda porque es su madre. Es hasta que trata al espectro sin apego que logra su objetivo. Si tan solo tratáramos a todos, como tratamos a lo que amamos, el mundo sería mejor. Debemos dejar de amar a nuestros seres queridos de manera exclusiva para amar a toda la creación por igual. En el fondo esa es la enseñanza de ese pasaje.
Hay tanto más que analizar en este cuento, como en todos los demás que conforma esta obra maestra de la literatura universal. Por mencionar un último ejemplo, cuando alguien solicita a un efrit algo en específico, el genio no lo saca de la nada por arte de magia, por el contrario, en reiteradas veces se dice que va a traer personas de determinada característica a equis lugar o piedras preciosas de las profundidades de la tierra; es decir que la magia en los efrits no consiste en crear cosas de la nada, sino tener la facultad de hacerse de ellas con facilidad; teniendo esa magia un fondo del todo lógico, porque no violan en ningún momento la ley de conservación de la materia. Y como bien sabemos, la magia, según la literatura esotérica, no es otra cosa que conocer los más profundos secretos de la naturaleza.
Luego de analizar de manera breve estas tres clases de cuento que existen a lo largo de Las mil y una noches, podemos concluir que este libro es el retrato perfecto de una de las llamadas “civilizaciones mágicas”, donde estaban desarrolladas de manera muy avanzada la magia, la ciencia y la moral por igual y muchas veces coincidiendo unas con otras y disolviendo las fronteras que hoy día las separan. Y esto no solo es una teoría, podemos verlo con facilidad en la piedra milenaria de las pirámides; por ejemplo, el Castillo de Kukulkan donde los mayas pusieron la arquitectura y la astronomía al servicio de su espiritualidad y de su mitología. Debemos repensar, después de leer Las mil y una noches, qué tan bueno es para la sociedad que la religión, la ciencia, las artes y todas las ramas del conocimiento y la espiritualidad sigan disgregadas y difamando unas a otras…
