Por Pablo Bejarano
I. Lectura arqueológica
Cuando leemos las obras clásicas de la cultura griega, pertenecientes a cualquiera de los tres géneros literarios, no dimensionamos que fueron escritas aproximadamente hace dos mil cuatrocientos años… Tal vez por la lucidez de su pensamiento, tal vez por la calidad misma de las obras, o por los preconceptos que tenemos de ellas antes de leerlas, sentimos, no pocas veces, que estamos leyendo libros recientes; pero ¿tenemos plena conciencia de que algunas son por mucho anteriores a la historia misma de Jesús? ¿Por qué sentimos como más antiguos otros libros escritos varios siglos después de los libros griegos?
He tenido la fortuna de leer tres comedias del dramaturgo romano Plauto: Aulularia, Anfitrión y Rudens. El autor vivió entre los años 254 a 184 a. C.; es decir, algunos siglos después de autores (ficticios o reales) como Homero, Esquilo, Eurípides y Sófocles. Lo curioso es que la Ilíada, Prometeo encadenado, Las troyanas o Edipo rey, hoy nos parecen menos antiguas que Aulularia, por ejemplo, aun cuando evidentemente son anteriores; y aun cuando Plauto tuvo como referentes a los dramaturgos griegos, quienes muchas veces fueron sus fuentes directas. La pregunta entonces es ¿por qué?
Yo me aventuro a decir que se debe a una experiencia de lectura distinta. Leer a Esquilo es conocer la civilización griega a través de literatura; leer a Plauto, en cambio, es explorar el mundo romano a través de la arqueología. Dicho de otra manera, leer Aulularia o Anfitrión, es realizar una lectura arqueológica. Esto debido a que muchas de sus obras han llegado a nuestros días fragmentadas, incompletas y casi por casualidad; inclusive, es muy probable que nada de su obra hubiera perdurado, a no ser por dos fuentes casi fortuitas: el “palimpsesto ambrosiano” y un compendio de manuscritos conocidos como “códices palatini”.
El “palimpsesto ambrosiano”, que acaso data del siglo V (hoy resguardado en una biblioteca de Milán), ha sido fundamental para conocer varias de las comedias de Plauto, gracias a las técnicas empleadas para leer esta clase de documentos; ya que, como es sabido, el texto plautino fue limpiado para escribir sobre él una copia de los libros de Reyes y Crónicas. Sin embargo, a pesar de los avances en dichas técnicas, algunas obras quedaron ilegibles por completo, y otras, como Aulularia, solo se recuperaron parcialmente. Por eso, de la magna obra de Plauto, solo subsisten algunos títulos, obras a las que les falta el inicio y otras que no conservan el final.
De los “códices palatini” han resurgido veinte comedias de Plauto en el llamado Codex vetus Camerarii, donado al sumo pontífice por el emperador Maximiliano de Baviera y resguardado en la biblioteca del Vaticano. Fuera de estas dos fuentes principales, subsisten algunos fragmentos de Plauto gracias a citas realizadas por académicos y gramáticos latinos. Tomando en cuenta lo vulnerable que podía llegar a ser un libro en la antigüedad, las posibilidades de que un incendio, una inundación o un descuido nos privaran para siempre de la obra plautina son muy altas. Es casi milagroso que algunas de ellas llegaran a nosotros y no se perdieran como la gran mayoría.
¿Cuál es el final verdadero de Aulularia? ¿Qué acontece en los tres cientos versos perdidos al final del acto tercero del Anfitrión? ¿La historia los habrá perdido para siempre, o algún descubrimiento insospechado de otro palimpsesto no conocido aún, los devolverá algún día? Sin duda quedarnos con la incertidumbre de si dichos fragmentos se perdieron de forma irremediable o si aún pueden ser recuperados, hace de la lectura de ciertas comedias plautinas algo más cercano a estudiar los murales de San Bartolo en Guatemala o a realizar excavaciones en Pompeya y Herculano, que leer a Sófocles y a Esquilo.
II. ¿Anacronismo de Plauto?
Durante mi lectura de la comedia Anfitrión, he percibido un anacronismo o un error, que mis conocimientos limitados no me permiten saber si es descuido de Plauto, un fallo en las técnicas de recuperación paleográfica o un error de la traducción consultada por mí. Será el lector con sus conocimientos quien me ayude a determinar cuál de las tres posibilidades es la verdadera, o si acaso existe una cuarta. Veamos primero el argumento de la obra.
Plauto aborda el mito de Anfitrión de la siguiente manera: Júpiter, atraído por Alcmena, aprovecha que Anfitrión se encuentra en Tebas batallando, para tomar su aspecto y poseer a su mujer. Con el fin de no hacer dudar a Alcmena ni un instante la treta, se informa previamente de los pormenores acontecidos en la guerra contra los teléboes y se los relata a ella después de consumar el acto sexual. Hermes, por su parte, toma la apariencia del esclavo Sosias, lo cual, hace que la obra posea escenas memorables donde se encaran ambos Anfitriones y ambos esclavos, ahondando sobre el tema de la identidad.
Pero no es ello nuestro motivo de análisis, sino lo que surge a través de la infidelidad de Alcmena con Júpiter. Antes de partir a la guerra, Anfitrión ha dejado en cinta a su esposa, sin embargo, tras copular con el dios tonante, también concibe un hijo de este, por lo cual, en su vientre se gestan al mismo tiempo dos seres: Ificles, hijo de Anfitrión y Alcmena y completamente humano; y Hércules, hijo de la misma madre con el rey del Olimpo, mitad humano, mitad dios. Con esto podemos inferir que todo el arco mitológico de Hércules, tiene lugar después de esta historia, y su nombre no podría ser invocado en mitos anteriores ni en el mismo mito previo a su nacimiento.
Es ahí que tiene lugar el anacronismo o el error. Cuando Anfitrión y Sosias regresan de Tebas (uno antes que el otro) y empiezan a percibir cosas raras en la casa, no pocas veces el asombro los hace pronunciar frases exclamativas, siendo una de ellas: “¡Por Hércules!”. Veamos:
Sosias:
(…) Tiene buen corazón por lo que veo; ya que mi amo me ha hecho velar toda la noche, él, con sus puños, hará que hoy pueda dormir. ¡Soy hombre muerto! ¡Piedad! ¡Por Hércules, qué grande y forzudo es!
No es en la única ocasión ni es el único personaje que lo menciona en el Anfitrión de Plauto. Está claro que dicha exclamación no debería hacerse, porque el semidiós aún no existe en ese tiempo mitológico. ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué se le menciona? Tal como con la arqueología, quizás nuevos descubrimientos nos dirán si es un error del comediógrafo romano, si es de quienes trascribieron la obra sobre el papiro, o de aquellos que lo recuperaron del palimpsesto.
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III. Pasajes interesantes
A. Aulularia
De las comedias leídas, hay pasajes muy interesantes a mi parecer. En Aulularia, donde se aborda el tema de un viejo que encuentra un tesoro enterrado en su casa, me llaman la atención tres cosas: la similitud con una fábula de Esopo en la forma de abordar el tema de la riqueza no utilizada; la idea de que el pobre no debería dejar de ser pobre nunca; y la figura del dios de la casa que decide quien sí y quien no puede encontrar el tesoro…
En la fábula de Esopo, un hombre posee un lingote de oro, y su satisfacción consiste en ir a verlo cada día al escondite, para luego dejarlo ahí esperando por su regreso. Nunca lo utiliza para mejorar su forma de vida… En una de las ocasiones en que va a apreciarlo, ya no lo encuentra, se lo han robado. La historia de Euclión es parecida, descubre el tesoro escondido en casa, y en vez de utilizar la riqueza para darse una vida mejor, se gasta el tiempo escondiéndolo para evitar un robo, sin embargo, por cambiarle de escondite con frecuencia, lo descubren y se lo hurtan. Esto nos hace pensar ¿el valor de la riqueza está en acumularla o en todo lo que podemos hacer al gastarla?
Euclión sufre un cambio en su personalidad tras encontrar el tesoro, se vuelve desconfiado, tacaño y apático. Empieza a pensar que todo el mundo planea despojarlo de su riqueza; y por lo mismo, trata mal a Estáfila, su criada. Se convierte en una especie de tirano, aun cuando no ejerce todo el poder que puede darle la riqueza. ¿Es que un pobre no puede obtener fortuna, porque hace mal uso de ella? Eso pareciera insinuar el libro. Pero en realidad no es el pobre el que al convertirse en rico se tiraniza, es el ser humano. Euclión empieza a tratar mal a Estáfila, pero es probable que Megadoro haya tratado mal a sus esclavos siempre. Sin duda la obra nos hace reflexionar sobre las consecuencias negativas que tiene ligar el poder a la riqueza, aun cuando no haya sido esa la intención de Plauto.
En cuanto a “lar familiar”, nos encontramos con una figura muy interesante, lo que en el campo del esoterismo nombramos como “guardián o morador del umbral”. Este es un espectro que cuida de la morada, colocándose en la puerta y decidiendo quién puede ingresar y quién no. Dentro de la comedia plautina se le describe como una divinidad familiar, ávida de recibir honores. Como no nadie lo honra, no revela el paradero del tesoro, excepto por Fedria, que sí le muestra respeto y devoción por él. Este pasaje me parece valioso, porque deja constancia de cómo los conocimientos esotéricos están presentes en todas las culturas antiguas.
B. Anfitrión
Ya he comentado el argumento de esta obra, interesante como todo ciclo mitológico. Lo que llama mi atención de ella es el final y la relación del humano con las deidades. Cuando hablamos de mitos hay dos formas de interpretarlos: la órfica y la homérica. La clave órfica nos conduce a una interpretación filosófica de las mitologías; la clave homérica, a una manera fantástica de leer los mitos; por ejemplo, órficamente el vuelo de Ícaro simboliza los peligros que corre el hombre por su vanidad; homéricamente, estamos frente a un hombre que, en efecto, por acercarse al sol se le derriten las alas.
La clave órfica y la clave homérica, no entran en función solo cuando leemos, sino también cuando escribimos. Obras como Prometeo encadenado están escritas de manera órfica, y Anfitrión de Plauto, homéricamente. Es por ello que, dentro de esta historia, los dioses adolecen de pecados humanos; en el caso de Júpiter de la lujuria. Por ello, el rey del Olimpo se vale de artimañas para poseer a Alcmena. Comete como mínimo tres faltas: usurpa otra identidad, posee a mujer ajena y engaña a la propia. Es un dios “muy humano”, si queremos decirlo de alguna manera, y es ahí donde está lo interesante: el sometimiento humano frente a las deidades.
Para Anfitrión, es imperdonable la traición de su esposa Alcmena, pero solo hasta que se entera que fue Júpiter quien la poseyó. Al final de la obra el dios tonante le revela a Anfitrión toda la verdad: “Ella se vio obligada a hacerlo por la fuerza de mi poder. Yo vuelvo a subir a los cielos”, a lo que el hombre se limita a responder: “Voy a obedecer tus órdenes. (…) Ahora, espectadores, en honor al supremo Júpiter, aplaudid con fuerza”. No solo olvida de inmediato la ignominia cometida por el dios, sino además continúa honrándolo. Esto resulta muy llamativo, porque refleja uno de los principales problemas del fanatismo.
No importa si el acto es bueno o es malo; si la acción es moral o inmoral, no se puede cuestionar, porque es la voluntad de dios, o en este caso, de un dios. Ese parece el mensaje al final de la presente comedia, un mensaje que muchas personas se han tomado al pie de la letra a lo largo de la historia. No importa apedrear a una prostituta o a un homosexual, porque es la voluntad de Jehová, como tampoco importa que Herodes haya decapitado a cientos de niños para salvar a uno que vino para salvar a los niños decapitados por Herodes… Ese es uno de los valores de la literatura, permitirnos ver en la ficción las cosas que están mal, para no replicarlas en la realidad.
C. Rudens
En Rudens me parece percibir un lejano parecido con uno de los cuentos de Las mil y una noches: Historia de la mujer despedazada, de las tres manzanas y del negro Rihán. La semejanza radica en la forma en que se desencadena la trama: alguien que se encuentra pescando, cree haber atrapado un pez de dimensiones considerables, pero en realidad extrae en su rede una caja que guarda secretos importantes para el desarrollo de la historia. Es difícil determinar si una influyó en otra o si llegaron ambas a un recurso similar de manera independiente. Aparte de ello, me parece valioso todo el argumento en sí, porque aborda el tema de la meritocracia, pero a nivel del destino. Es decir, aquellos que dentro de la historia comenten injusticias, tienen un destino poco favorable; contrario a quienes han ejercicio el bien y tienen un final más amigable…
En conclusión, leer a Plauto es acontecimiento único en la literatura, porque su obra ha llegado a nuestros días casi por casualidad, aborda temas universales, da testimonio de la vida en una de las civilizaciones más importantes de la historia y es posible que, por medio de algún nuevo descubrimiento, nos sorprenda en el futuro con un título desconocido hasta ahora…
| Pablo Bejarano es un poeta guatemalteco reconocido por el rigor y la disciplina con que cultiva la poesía clásica. Su obra incluye poemas de aliento épico, como «Peregrinaje», y su Sonetario, libro en el que explora setenta y cinco formas distintas de escribir el soneto. Considerado una de las voces más destacadas de la poesía guatemalteca de su generación, Bejarano sobresale por su profundo dominio de la métrica española y por su capacidad de renovar la tradición clásica con frescura y modernidad. |
